Me niego a caer bajo la tiranía despótica de constelaciones llamadas significantes, a quedar presa de una única lógica, de un único signo, prefiero abrir caminos, bifurcaciones posibles que me lleven a ese terreno antes conocido de la inmanencia del sentir, del sentido de lo que se comparte, de lo que forma parte de un lenguaje común y a la vez colectivo aunque diferente, un lenguaje de dos, de muchos, un lenguaje con otros. Un mapa de códigos comunes y múltiples que devienen a un acontecimiento posible.
Me interno en la búsqueda de mi ser, tal como es en sí, para ver si desde allí hallo la posible conexión de este deviniendo, de mi ser, no de mi “soy”, no de mi Yo, sino de mi “ser”…
Somos una sucesión de estados discontinuos, esta discontinuidad, de este quien que somos está en el fondo, sumergida en la profundidad, detrás de las máscaras, de los personajes míticos. Allí; sumergidos en el caos, allí estamos siempre habitando… este es el origen indiscernible, este es el espíritu azaroso del propio ser.
Las explicaciones y las causalidades insistentes a las que nos aferramos solo son una máscara, un señuelo para el yo desprevenido, para el yo con otros, pero no para el ser conmigo, para el yo puro y más cercano al inconsciente, allí, el pensamiento racional pierde la batalla, allí hay fuga, senderos abiertos, fisuras, allí hay intuición… sensaciones, percepción…, allí hay singularidad. No sirve la semiótica ajustada a la lógica común, allí, tan cercano a mi inmanencia, el loco devenir propone movimiento, inquieta… “La realidad se apaga en un instante, la razón gira perdida”.
Allí, es donde hay que buscar, allí por donde hay que pasar, allí se encuentra mi deseo.
Gra González



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